- ¿Los demas ruidos? pues hombreee. Los ronquidos de mi padre no son nada agradables, el jaleo que se monta en clase cuando el de Literatura se le mueve la peluca tampoco, pero ¿y el ruido del viento en los árboles?¿el agua de las fuentes?¿la voz de Nadja Ninwri?
Ante esta última descripción, el dios de los Xirlafios levantó una ceja pero no dijo nada.
- No podéis cambiar a todo el mundo y volverlos como vosotros porque hagan ruido, vosotros lo hacéis, y mucho.- se defendió Nacho con encendida pasión y con un tono de reproche.
Todos los enanitos callaron de pronto y Nacho sintió como miles de ojos le apuntaban allá abajo en las alcantarillas. La idea de mogollón de ratillas ruidosas y enfadadas con el mundo le vino a la mente.
- ¿!Como osas!?- rugió el dios de los Xirlafios con grandes aspavientos de las manos.
- ¡Pero si sois unos escandalosos!, mi portera grita menos que vosotros.
El dios Xirlafio le miró como si tuviera un láser en los ojos y quisiera desintegrarlo.
- ¿La portera? ¡Aquí tienes a tu portera!
Sus manos giraron y describieron órbitas imposibles que comenzaron a dibujar hilos brillantes de energía, y para cuando Nacho estaba a mitad de su asombro, la imagen de una portera con barba de chivo apareció de la nada flotando en el aire de aquel oscuro lugar.
-¡¡¡ Otra futura Xirlafia!!!- dijo como si hubiese ganado la partida.
A Nacho le importaba un pijo su portera, pero intuyo que si le había tocado el turno a su portera, pronto llegaría el de su madre, el de su padre y su hermana...bueno, ver a su hermana con barba de chivo valía su peso en oro.
A la portera le siguió la Paqui la del segundo derecha y luego a los gemelos López y Nacho pudo ver al fin, como si aquel ser extraño y poderoso le hubiese leído el pensamiento, a su madre llorando luciendo una hermosa barba verde de chivo de las montañas rocosas.
El pobre muchacho no pudo más y gritó.
Aquello conmocionó a los Xirlafios, que comenzaron a gemir y a taparse los oídos. No podían aguantarlo. Las imágenes desaparecieron y hasta NAcho pudo ver que su dios dudaba y mostraba estar afectado por aquel grito.
Las cuerdas que le inmovilizaban cedieron y se sintió libre; ahora podía incorporarse, y para cuando los Xirlafios se sintieron mejor, al poco de acabar el grito de Nacho, éste ya estaba de pie y su cara no mostraba alegría precisamente.
- Os tengo.- murmuró.
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