martes, 25 de diciembre de 2007

Capítulo 1.8

Sin decidirse aún a abrir los ojos recibió un tremendo golpe en la cabeza y la oscuridad volvió a su ser.

Cuando por fin pudo abrir los ojos una música estridente sonaba en sus oídos. Parecía una locomotora.
Era una sala en blanco y negro. Sin decoración alguna. Una sala de poco más de 10 metros cuadrados pero oscura. Estaba atado a una cama cuando una voz le habló.

-Bienvenido a Xirlafo. El país de los Xirlafios.

Quien le hablaba era un ser con aspecto similar a Nicolás.

Y sin necesidad de que Nacho se lo pidiera, aquí comienza la historia de los Xiralfios bien explicada por el Xirlafio que parecía ser el líder.

Cuando los dinosaurios aún gobernaban el planeta Tierra el dios todopoderoso Xirlafio, expulsado del Olimpo, en su nave interestelar llegó a este planeta. La reproducción asexual de los Xirlafios hizo que fuera capaz en poco tiempo de formar una gran comunidad que convivía con los propios dinosaurios. Cuando el gran meteorito que llevó a la extinción a éstos, cayó sobre la Tierra extinguió también a los Xirlafios. Pero los dioses nunca mueren, y el dios Xirlafio, desde las profundidades de las capas superficiales terrestres intentó formar una nueva comunidad. Pero era imposible. Los Xirlafios no pueden vivir sin oxígeno así que el dios Xirlafio se decidió a hibernar.
Pero un día algo le despertó. Aquel fenómeno llamado Beatles sonaba en todas partes.
El dios Xirlafio abandonó el lugar donde llevaba viviendo millones de años (justo debajo de una discoteca popera). Un nuevo pueblo habitaba el planeta. Era infernal el ruido del "nuevo planeta". Era insoportable. No había quien lo aguantase. Era mortal.
Ahora los Xirlafios viven por debajo de las alcantarillas, donde el ruido de la superficie es prácticamente nulo. Y ahora vuelven a ser una gran comunidad gobernados por el dios Xirlafio, cuyo nombre, aún nadie conoce, y que es el que cuenta la historia.

-
Ahora que ya sabes nuestra historia, tengo que contarte que sólo eres un rehén nuestro. Y que lo único que pedimos es que se acabe el ruido para volver a vivir en paz en la superficie. Y para eso quizás tengamos que convertiros a todos los humanos en Xirlafios. Tú sólo eres el que nos sirve para que vean que vamos en serio.

martes, 18 de diciembre de 2007

Capitulo 1.7.

Al principio Nacho no se dio cuenta de que sus extremidades iban encogiéndose poco a poco, a la vez que su cuerpo iba menguando proporcionalmente. Fue Peláez, ese gordo aprendiz de matón que disfrutaba ensañándose con Nacho, el que le hizo darse cuenta de que algo pasaba.
- "Eh, fijaos en el idiota, no solo quiere imitar a una cabra sino parece que le ha cogido la ropa al cabrón de su padre".
Nacho tardó en darse cuenta de que las atenciones de la clase de deporte se centraban en el (su capacidad de abstraerse del mundo empezaba a ser legendaria), pero cuando despertó de su ensoñación, no tardó en darse cuenta del porque de esas risas.
- "¡¡¡Me cago en la puta!!!" murmuró en voz baja - "no solo me sale una ridícula barba, ahora además me estoy haciendo pequeño".
De repente la clase entera empezó a reírse al tiempo que empezaban a cantar una siniestra cancioncilla. Nacho sintió miedo, como nunca lo había sentido antes. Era como ese terror que te asalta cuando estas en tu cuarto, a oscuras, y sabes que tu habitación no es segura, que hay monstruos alrededor tuyo esperando a comerte si te mueves. Solo que esta vez Nacho no podía encender la luz y disipar el miedo. No, no había forma de parar lo que tenia delante de él. Todos sus compañeros de clase tenían perilla. Todos los compañeros de su clase tenían la cara del ser que había dedicado los últimos días martirizar a Nacho con sus absurdos juegos. Y todos le estaban señalando mientras cantaban una canción infantil con la letra ligeramente cambiada, algo como esto: "el dedo esta conectado a la mano, la mano a la muñeca, la muñeca al brazo, y cuando te arranquemos el brazo, nos repartiremos tus dedos..."
Nacho parpadeó, mientras se repetía que esto no podía ser real. "No puede ser real. Es imposible, no puede estar sucediendo".
Mientras los compañeros seguían cantando, poco a poco iban acercándose más a Nacho, hasta que este empezó a darse cuenta de que le empezaban a rodear. Esa era la gota que colmaba el vaso. No se quien se pensaban que era, pero desde luego no se iba a quedar parado.
Salió corriendo en dirección a sus compañeros, con el balón de baloncesto en la mano. Cuando llegó a la altura de Peláez (a quien la barba de chivo le quedaba particularmente mal, le lanzó el balón a la cara, meses de frustraciones y rabia acumulada iban en ese lanzamiento. El aprendiz de matón no vio venir el balón, pero su nariz si lo notó. Aprovechando los gimoteos de dolor de la masa de carne gimoteante que tenía delante suyo, rodeó su fofo cuerpo y salió disparado en dirección a la puerta del gimnasio.
Después de unos segundos de confusión, los chicos corrieron en la dirección por donde segundos antes había salido Nacho.
Cuando Nacho se dio cuenta de que sus "queridos" compañeros le perseguían, apretó más el paso. "No me cogerán", pensó, "siempre he sido más rápido que ellos. Si llego a la parada a tiempo de coger el autobús, estaré a salvo y no tendré que preocuparme más... al menos no de esto".
Quizás si Nacho hubiera estado algo más atento, no habría pasado lo que pasó a continuación. Claro que si hubiera estado más atento al principio de todo esto, nada habría pasado. Aunque hay que decir que la culpa de lo que iba a suceder no fue enteramente de Nacho, el conductor del autobús también tuvo su parte de culpa. Estaba más preocupado mirando por el retrovisor del autobús a la rubia que se acababa de levantar del asiento en ese momento ("joer que pedazo pibón... pero que es eso que tiene en el mentón... ¿es una perilla?").

Si el conductor hubiera estado más atento, quizás habría visto a Nacho cruzando la calle en ese momento. Si Nacho no estuviera preguntándose el porque sus compañeros de clase le estaban persiguiendo, porque tenía tetas y perilla, y porque le estaban pasando esas cosas últimamente (y lo que es peor,¿porque le resultaba todo en el fondo tan extrañamente familiar?,¿porqué tenía esa sensación de déjà-vu?... y lo que es peor,¿cómo cojones se yo lo que es un déjà-vu?") es posible que no le hubiera atropellado el autobús.

Mientras rodaba por el asfalto de forma incontrolada, solo pensaba en "mierda, para una vez que el puto autobús viene a tiempo". El último pensamiento que vino a su mente antes de que la oscuridad le envolviera fue "joder, así no".

El sobresalto de nuestro Nacho fue mayúsculo cuando una voz que empezaba a ser dolorosamente familiar le susurro al oído: "¿Sabes que dices muchos tacos para tu edad?"

En ese momento, un escalofrío recorrió la espalda de Nacho. No se atrevía a abrir los ojos.

-¿Acaso pensabas que dejándote atropellar te ibas a poder escapar de esto?