martes, 18 de diciembre de 2007

Capitulo 1.7.

Al principio Nacho no se dio cuenta de que sus extremidades iban encogiéndose poco a poco, a la vez que su cuerpo iba menguando proporcionalmente. Fue Peláez, ese gordo aprendiz de matón que disfrutaba ensañándose con Nacho, el que le hizo darse cuenta de que algo pasaba.
- "Eh, fijaos en el idiota, no solo quiere imitar a una cabra sino parece que le ha cogido la ropa al cabrón de su padre".
Nacho tardó en darse cuenta de que las atenciones de la clase de deporte se centraban en el (su capacidad de abstraerse del mundo empezaba a ser legendaria), pero cuando despertó de su ensoñación, no tardó en darse cuenta del porque de esas risas.
- "¡¡¡Me cago en la puta!!!" murmuró en voz baja - "no solo me sale una ridícula barba, ahora además me estoy haciendo pequeño".
De repente la clase entera empezó a reírse al tiempo que empezaban a cantar una siniestra cancioncilla. Nacho sintió miedo, como nunca lo había sentido antes. Era como ese terror que te asalta cuando estas en tu cuarto, a oscuras, y sabes que tu habitación no es segura, que hay monstruos alrededor tuyo esperando a comerte si te mueves. Solo que esta vez Nacho no podía encender la luz y disipar el miedo. No, no había forma de parar lo que tenia delante de él. Todos sus compañeros de clase tenían perilla. Todos los compañeros de su clase tenían la cara del ser que había dedicado los últimos días martirizar a Nacho con sus absurdos juegos. Y todos le estaban señalando mientras cantaban una canción infantil con la letra ligeramente cambiada, algo como esto: "el dedo esta conectado a la mano, la mano a la muñeca, la muñeca al brazo, y cuando te arranquemos el brazo, nos repartiremos tus dedos..."
Nacho parpadeó, mientras se repetía que esto no podía ser real. "No puede ser real. Es imposible, no puede estar sucediendo".
Mientras los compañeros seguían cantando, poco a poco iban acercándose más a Nacho, hasta que este empezó a darse cuenta de que le empezaban a rodear. Esa era la gota que colmaba el vaso. No se quien se pensaban que era, pero desde luego no se iba a quedar parado.
Salió corriendo en dirección a sus compañeros, con el balón de baloncesto en la mano. Cuando llegó a la altura de Peláez (a quien la barba de chivo le quedaba particularmente mal, le lanzó el balón a la cara, meses de frustraciones y rabia acumulada iban en ese lanzamiento. El aprendiz de matón no vio venir el balón, pero su nariz si lo notó. Aprovechando los gimoteos de dolor de la masa de carne gimoteante que tenía delante suyo, rodeó su fofo cuerpo y salió disparado en dirección a la puerta del gimnasio.
Después de unos segundos de confusión, los chicos corrieron en la dirección por donde segundos antes había salido Nacho.
Cuando Nacho se dio cuenta de que sus "queridos" compañeros le perseguían, apretó más el paso. "No me cogerán", pensó, "siempre he sido más rápido que ellos. Si llego a la parada a tiempo de coger el autobús, estaré a salvo y no tendré que preocuparme más... al menos no de esto".
Quizás si Nacho hubiera estado algo más atento, no habría pasado lo que pasó a continuación. Claro que si hubiera estado más atento al principio de todo esto, nada habría pasado. Aunque hay que decir que la culpa de lo que iba a suceder no fue enteramente de Nacho, el conductor del autobús también tuvo su parte de culpa. Estaba más preocupado mirando por el retrovisor del autobús a la rubia que se acababa de levantar del asiento en ese momento ("joer que pedazo pibón... pero que es eso que tiene en el mentón... ¿es una perilla?").

Si el conductor hubiera estado más atento, quizás habría visto a Nacho cruzando la calle en ese momento. Si Nacho no estuviera preguntándose el porque sus compañeros de clase le estaban persiguiendo, porque tenía tetas y perilla, y porque le estaban pasando esas cosas últimamente (y lo que es peor,¿porque le resultaba todo en el fondo tan extrañamente familiar?,¿porqué tenía esa sensación de déjà-vu?... y lo que es peor,¿cómo cojones se yo lo que es un déjà-vu?") es posible que no le hubiera atropellado el autobús.

Mientras rodaba por el asfalto de forma incontrolada, solo pensaba en "mierda, para una vez que el puto autobús viene a tiempo". El último pensamiento que vino a su mente antes de que la oscuridad le envolviera fue "joder, así no".

El sobresalto de nuestro Nacho fue mayúsculo cuando una voz que empezaba a ser dolorosamente familiar le susurro al oído: "¿Sabes que dices muchos tacos para tu edad?"

En ese momento, un escalofrío recorrió la espalda de Nacho. No se atrevía a abrir los ojos.

-¿Acaso pensabas que dejándote atropellar te ibas a poder escapar de esto?

5 comentarios:

El Pater dijo...

Buenas.
Debo pediros disculpas por haber parado por un tiempo la historia. He sufrido un ataque de realidad hace poco y entre eso, que apenas he parado quieto en casa, y que cuando paraba no tenía ninguna gana de encender el ordenador... no hay disculpa posible, solo la firme promesa de que no se volverá a repetir.

Para una actividad "extraescolar" que me gusta, no quiero ser el responsable de que se vaya al garete.

Efren dijo...

Me cago en la puta?????

Waw seguimos con el tono que impuso Sara de "meguentodoslosmuertossoylaputamakina"

Me temo que david y yo teníamos una idea un poco más "infantil" de nuestro protagonista.

Sigo detectando en Íñigo ese tono de Stephen king y de niño apaleao por la vida al que le pasan más desgracias que al Marco ese italiano de las montañas.
La ,que drama!!!

Efren dijo...

Hey!!! me han borrado "puta" de "la "puuuta"

tiene esto control de palabrotas malsonantes y pecaminosas????

Efren dijo...

Puta puta puta

Efren dijo...

Pues no!